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Consejos para evitar los efectos negativos del sol
Consejos para evitar los efectos negativos del sol

Consejos para evitar los efectos negativos del sol

El sol y el calor son inevitables y hasta convenientes, pero tienen efectos negativos innegables sobre la piel. Desde la SEMCC (Sociedad Española de Medicina y Cirugía Cosmétic

El sol aporta beneficios sobradamente conocidos en la mente y en el cuerpo. En la mente porque es indudable que la luz es un estímulo fundamental de nuestros ritmos fisiológicos circadianos, y juega un papel fundamental en la regulación de nuestro estado de ánimo. En el cuerpo porque, por ejemplo, la radiación ultravioleta es necesaria para sintetizar la vitamina D, imprescindible en el metabolismo del calcio que garantiza el estado de nuestro esqueleto óseo.

Sin embargo, la exposición inadecuada al sol o su abuso (y al calor que ello determina) tienen efectos negativos innegables sobre la piel y la circulación sanguínea; el sol es el mayor responsable (75%) del envejecimiento de la piel (arrugas, manchas, flacidez). La fotoprotección solar es fundamental para evitar lesiones cutáneas como quemaduras y, con el paso del tiempo, cáncer.

El Dr. J. Víctor García, presidente de la Sociedad Española de Medicina y Cirugía Cosmética (SEMCC), recuerda que existe un capital solar: El capital solar es el número de horas que un individuo puede exponer su piel al sol durante toda su vida. Una vez consumido comienzan los problemas cutáneos. El capital solar de cada persona está predeterminado genéticamente.

Así las cosas, la SEMCC no puede por menos que recordar algunas recomendaciones clásicas.

Consejos en relación con la piel y la exposición solar
Educar y proteger adecuadamente a los niños y adolescentes de la radiación solar.
Evitar la exposición al sol entre las 12 y las 16 horas.
Considerar que ni las nubes ni los cristales frenan la radiación ultravioleta.
Considerar la existencia de superficies reflectantes: nieve, agua, arena, hierba, asfalto.
Considerar que con la altura (altura respecto del mar) aumenta la intensidad de la radiación.
Considerar que a menor latitud, mayor irradiación.
Exponerse progresivamente al sol y evitar las quemaduras. Como norma general, tomar 10 minutos más de sol cada día hasta un máximo de 2 horas.
Evitar la exposición al sol con la piel mojada (efecto lupa).
Utilizar gorras, sombreros, sombrillas, gafas de sol, ropas que cubran suficientemente. Y para tomar el sol un buen fotoprotector.

Para exponerse al sol, todas las personas deben utilizar un fotoprotector, pero especialmente:
a. Los niños.
b. Las mujeres embarazadas.
c. Las personas con piel clara (fototipos I, II y III).
d. Las personas sometidas a exposición solar intensa (por motivos laborales, etc.).
e. Los pacientes con fotodermatosis y enfermedades fotosensibles.
f. Los pacientes en tratamiento con fármacos fotosensibilizantes.
g. Los pacientes que reciben tratamientos inmunosupresores.
h. Los pacientes con antecedentes de cáncer cutáneo y/o lesiones precancerosas (consultar con el dermatólogo).
El factor de protección, también denominado índice de protección, indica la eficacia protectora de un filtro solar. Por ejemplo, si una persona desarrolla eritema (enrojecimiento) tras 10 minutos de exposición al sol, el uso de un filtro solar FP-15 prolonga 15 veces más, es decir 150 minutos, la aparición del eritema.
Utilizar un tipo de protector adaptado a cada tipo de piel y a las condiciones de exposición al sol. Incluso si el día está nublado. Existen protectores solares infantiles que tienen unas características específicas: son especiales para las pieles sensibles, muy hidratantes, con un factor de protección elevado, así como resistentes al agua, al roce y a la fricción.
Utilizar un protector solar no debe ser la excusa para aumentar el tiempo de exposición.
No utilizar cremas bronceadoras intensificadoras del efecto de la radiación ultravioleta, ni colonias o productos perfumados antes de la exposición al sol.
Aplicar el protector solar entre 1/2 y 1 hora antes de la exposición. Es aconsejable extender el fotoprotector con generosidad (una capa fina de 1 mm es correcto) y de forma uniforme, sobre toda la superficie del cuerpo (sin olvidar las orejas, la nariz, el cuello, el escote y los empeines en los pies) sobre la piel completamente seca.
En el caso de manchas cutáneas o tendencia a que aparezcan, es mejor utilizar algún producto con efecto pantalla total.
Reaplicar cada 2 horas y después de bañarse o sudar.
Las condiciones ambientales (fundamentalmente la luz y el calor) pueden alterar el producto; evite adquirir productos sometidos a condiciones ambientales extremas (por ejemplo, los que están expuestos a la intemperie). Una vez abierto, el fotoprotector se debe consumir en la misma temporada.
Y ante cualquier lesión cutánea sospechosa, sobre todo
» si aumenta de tamaño,
» si produce dolor o picor,
» si cambia de color o de forma,
» si tiene costras o sangra,
evitar la exposición solar y acudir inmediatamente a un especialista.

Aunque estos consejos son evidentes y parece que todas las personas los tienen perfectamente asumidos, hace unos meses la SEMCC realizó una sencilla encuesta a los pacientes de algunos de sus asociados. En términos académicos, más del 50% (54%) de los encuestados suspendió: respondió erróneamente a más de la mitad de las cuestiones planteadas.

La mejor defensa es, casi siempre, un buen ataque
Pero además de precaución y por ello profilaxis, la SEMCC quiere ir más lejos y propone actitudes pro-activas en base al estado del conocimiento científico actual.

Por ejemplo, propone la conveniencia de, en épocas de exposición solar como ahora, recurrir a la ingesta de ciertos integradores alimentarios y antioxidantes. La Dra. Elvira Ródenas, vicepresidenta de la SEMCC, señala que un buen bronceado debe comportar una adecuada producción de melanina y protección de los daños biológicos de la radiación ultravioleta. Por eso, para regular la producción de melanina proponemos a nuestros pacientes la ingesta de aminoácidos como fenilalanina y cisteina, y de oligoelementos como zinc y cobre; concretamente, la fenilalanina es el precursor natural de la tirosina, que a su vez lo es de la melanina. Y también aportamos otro aminoácido, la histidina, que favorece la presencia de ácido urocánico en el sudor, sustancia natural que absorbe la radiación ultravioleta B. Como antioxidantes, utilizamos las vitaminas C y E.

Nos gusta prescribir estas sustancias bajo el concepto de endomodulación, nos indica el Dr. García. La endomodulación, que representa un concepto terapéutico novedoso, plantea la producción endógena de hormonas, neurotransmisores y sustancias estructurales a partir del suministro exógeno de sus precursores naturales, optimizando así la producción de aquellos, manteniendo la funcionalidad del organismo y evitando en todos los casos un inconveniente exceso de dichos productos finales.

En los últimos años, los médicos de la SEMCC han incorporado la endomodulación como parte sustancial de su arsenal terapéutico, siempre basado en el mayor rigor científico y en una formación continuada acreditada, apostilla García.

Fruto de la búsqueda de la excelencia, que significa calidad y seguridad máximas para los pacientes, hemos aprendido que la exposición solar es dañina para la piel porque activa nuestras metaloproteinasas (MMPs). Las MMPs son unas enzimas que degradan y destruyen el colágeno y la elastina de nuestra piel. Una exposición solar mínima activa las MMPs y las deja activadas durante 72 horas, con la consiguiente repercusión en el daño comentado.

La Dra. Belén Díaz, secretaria general de la SEMCC, nos indica que hoy sabemos cómo frenar la actividad de las MMPs mediante un estricto y sistemático tratamiento médico pre y postexposición solar. Se trata de la aplicación, por breves periodos de tiempo, apenas unos minutos, de una crema formulada magistralmente a base de ácido retinoico sobre la piel que va a ser expuesta y/o que ha sido expuesta a la radiación ultravioleta.

Son medidas terapéuticas simples pero muy eficaces, que en todos los casos pueden y deben adoptarse bajo riguroso control médico, concluye el Dr. J. Víctor García.

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